La navarra Ana Fernández, que es doctora de la clínica ginecológica Ginfer de la capital aragonesa, regresa a aquel enero de 2024 que cambió su vida. Tras un mes de intenso dolor, se quedó tetrapléjica y comenzó una lucha por la supervivencia que, tras mucho trabajo profesional e interno, llegaría a su final unos meses más tarde con la movilidad recuperada.
Viste zapatos blancos y negros. Unos zapatos planos. Ana Fernández aguarda paciente en su consulta ginecológica, sentada en esa misma silla desde la que ha a atendido a sus cientos de pacientes. Desde allí rememora su largo recorrido laboral, todas esas horas dedicadas a otras mujeres sin ni siquiera imaginar que, a los años, sería a ella a quien atenderían. «Un día salí de trabajar y le dije a mi marido, ingrésame, estoy malísima, me voy a morir», comparte. Esa tarde se quedó tetrapléjica.
«El 22 de diciembre de 2023 consulté síntomas a un radiólogo y a un neurocirujano porque tenía un dolor de cuello horroroso», recuerda Ana. Le hicieron una resonancia en la que le detectaron una estrechez que, dice, «interpretaron como una estenosis de canal, no como un acceso». La primera consiste en el estrechamiento del canal raquídeo que comprime la médula espinal y las raíces nerviosas, mientras que la segunda ocurre cuando se estrechan los agujeros laterales por donde salen las raíces nerviosas de la columna.
Pero Ana seguía con mucho dolor. El problema iba a más y a más, y la situación llegó al límite. «Me caía en la ducha, no sentía nada cuando me ponía los pendientes, perdí la fuerza de los miembros superiores..», explica. «En mi defensa tengo que decir que consulté a los profesionales, y en mi contra que seguí trabajando. No paré y tendría que haber parado. Y no paré porque me creía imprescindible», reconoce.
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